Cuando la mente no para: cómo saber si lo que sientes es ansiedad
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Cuando la mente no para: cómo saber si lo que sientes es ansiedad

· Diana Moncada

¿Alguna vez has llegado al final del día completamente agotada, sin haber hecho nada “físicamente” extenuante? ¿Te despiertas en la madrugada pensando en cosas que no puedes resolver en ese momento? ¿Sientes que algo malo va a pasar, aunque no sepas exactamente qué?

Si te identificas con alguna de estas situaciones, es posible que estés experimentando ansiedad. Y no, no estás “exagerando”.

La ansiedad no siempre parece lo que imaginamos

Cuando pensamos en ansiedad, muchas veces imaginamos a alguien con un ataque de pánico o incapaz de salir de casa. Pero la realidad es que la ansiedad tiene muchas caras, y la mayoría de ellas son silenciosas.

Puede aparecer como una irritabilidad que no entiendes. Como esa sensación de que “algo está mal” sin poder nombrarlo. Como el hábito de revisar el teléfono sin parar, o de repasar mentalmente una conversación que tuviste hace tres días.

La ansiedad, en su forma más cotidiana, no grita. Susurra. Y lo hace todo el tiempo.

¿Qué es la ansiedad, exactamente?

La ansiedad es una respuesta natural de nuestro sistema nervioso ante situaciones que percibimos como amenazantes o inciertas. En dosis moderadas, cumple una función: nos activa, nos prepara, nos protege.

El problema aparece cuando esa respuesta se vuelve constante, desproporcionada o empieza a interferir con tu vida diaria.

No es un defecto de carácter. No es debilidad. Es el sistema de alarma del cuerpo funcionando en modo “encendido permanente”, y eso tiene solución.

Señales que vale la pena observar

No existe una lista única, porque la ansiedad se vive de forma diferente en cada persona. Pero hay algunas señales frecuentes que pueden orientarte:

  • En el cuerpo: tensión muscular, opresión en el pecho, dolores de cabeza recurrentes, problemas para dormir, fatiga constante, sensación de nudo en el estómago.
  • En los pensamientos: anticipar lo peor, dar vueltas a lo mismo sin llegar a ningún lugar, dificultad para concentrarte, sensación de que tu mente “no se apaga”.
  • En el comportamiento: evitar situaciones que te generan malestar, necesitar control sobre todo, dificultad para delegar o descansar, estar “en alerta” aunque no haya una razón clara.

¿Y si me identifico con esto?

Lo primero: respirar. Reconocer lo que sientes ya es un paso enorme.

Lo segundo: saber que no tienes que cargarlo sola/o. La ansiedad es una de las experiencias emocionales más comunes, y también una de las que más responde al acompañamiento terapéutico.

En terapia no se trata de “eliminar” la ansiedad, porque como vimos, una parte de ella cumple una función. Se trata de entender qué te está queriendo decir, aprender a regularla y recuperar la sensación de que puedes vivir sin esa tensión constante de fondo.

Una última cosa

Si llegaste hasta aquí, probablemente algo en este artículo resonó contigo. Y eso ya dice mucho.

No necesitas tener todo claro para pedir ayuda. Solo necesitas estar dispuesta/o a dar el primer paso.

Referencias

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.

Barlow, D. H. (2002). Anxiety and its disorders: The nature and treatment of anxiety and panic (2.ª ed.). New York: Guilford Press.

Beck, A. T., & Clark, D. A. (1997). An information processing model of anxiety: Automatic and strategic processes. Behaviour Research and Therapy, 35(1), 49–58.

Organización Mundial de la Salud. (2023). Mental disorders. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/mental-disorders

Craske, M. G., & Stein, M. B. (2016). Anxiety. The Lancet, 388(10063), 3048–3059.